DIOS NOS HABLA POR MEDIO DE LA CIENCIA: la partícula de Dios.

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A mediados de 2012 el acelerador de partículas, LHC, gran acelerador de hadrones, se anunció la observación de una nueva partícula: bosón de Higgs. Es un descubrimiento sumamente importante.

Los bosones según la física Danah Zohar son los responsables por la ordenación del Universo y de los colapso de onda (cuando las ondas se tornan partículas). Esta unidad subatómica es la que produce la materia (o la hace visible), aparece y desaparece y es la mantiene relacionada a la materia en el Universo.  Por eso, se la llama también la partícula de Dios (aunque el nombre surgió por deformación de otra palabra).

El principio en cuestión que afecta a nuestra comprensión de la espiritualidad es que la materia se está creando continuamente. Como nosotros tenemos por nuestra comunión con Dios acceso a toda esa energía creativa divina podemos estar afectando continuamente a la realidad que vivimos.

La ciencia nos sigue hablando de Dios y de la realidad espiritualidad, cada vez más concordante con el entendimiento del microcosmos de la física cuántica.

Uno de los pilares básicos de la física cuántica es el principio de incertidumbre (Principio de Heisenberg)  que dice que no es posible determinar, ni medir, la posición y velocidad de los objetos cuánticos. Este principio de indeterminación rompe con el determinismo de la física clásica, y de la modernidad, en el podemos prever el comportamiento de los objetos. Un universo cerrado, mecánico, de causas y efectos previsibles.

En cambio el Universo que nos revela la física cuántica está compuesto por partículas (con una compleja estructura interna) y  campos de onda (que conecta la todo el entorno) esto provoca una realidad que está en constante definición de sí mismo a través de sus incesantes interacciones. Es un universo abierto en el que nuestra interacción es el factor que determina la realidad que vivimos. Este indeterminismo nos proporciona una puerta abierta para la creatividad e injerencia sobre lo que vivimos, podemos construir nuestro futuro.

Una de las consecuencias de este principio de incertidumbre  del potencial cuántico es el fenómeno de la localización. Si dos sistemas cuánticos interactúan y luego se separan, su comportamiento se correlaciona en forma instantánea y a distancias grandes. Este fenómeno es el de no-localidad. La naturaleza de la realidad es indivisible y algo que está ocurriendo aquí y ahora puede tener efectos instantáneos en otro lado. Esta explicación tiene mucha trascendencia en el terreno de la espiritualidad, no hay espacio y tiempo y todo está conectado por el Espíritu de Dios.

Mateo 8:8, 13 (El centurión) dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente dí la palabra, y mi criado sanará. [..] Entonces Jesús dijo al centurión: Ve,  y como creíste,  te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora.

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