DIOS NOS HABLA POR MEDIO DE LA CIENCIA: la realidad es percibida

mirada

Este es un misterio científico muy difícil de aceptar por nuestra razón y el sentido común. La teoría cuántica explica que todos los objetos microscópicos a nuestro alrededor existen en un estado ambiguo, que se hacen objetivos sólo cuando son medidos u observados.

Tratemos de explicarlo.

Un sistema cuántico está representado matemáticamente por una función de onda, que se deriva de la ecuación de Schrödinger. La función de onda puede ser utilizada para calcular la probabilidad de encontrar una partícula en cualquier punto particular en el espacio.

Las entidades cuánticas evolucionan como ondas cuando no son observadas pero colapsan en forma de partículas cuando son observadas, son obligadas a definirse por una opción. Sobre lo que ocurrió entre estas dos observaciones no podemos decir nada.

Cuando se hace una medición, la partícula está en un solo lugar, pero se disuelve en una “superposición de ondas de probabilidad” y está potencialmente presente en muchos lugares diferentes a la vez: es el estado ondulatorio de la realidad.

Cuando se realiza la siguiente medición, se produce un colapso de la función de onda, de alguna misteriosa manera, en una partícula localizada. Heisenberg dice: de lo “posible” a lo “real” [1]. El observador percibe uno de los posibles estados convirtiéndole en real.

Los objetos microscópicos existen en un estado real objetivo, sólo, cuando son medidos u observados. De los muchos estados posibles uno emergerá como real. El salto cuántico es al azar pero no el estado en donde se detendrá.

Schrödinger ideó un famoso experimento mental para exponer las absurdas implicaciones de esta interpretación.

Un gato es colocado en una caja que contiene una sustancia radiactiva, por lo que hay una posibilidad del cincuenta por ciento de que el átomo se descomponga en una hora. Si un átomo se descompone,  provoca la liberación de un gas venenoso que mata al gato. Después de una hora, el gato está supuestamente muerto y vivo (y todo lo intermedio) hasta que alguien abre la caja y al instante se colapsa la función de onda en un gato vivo o en un gato muerto.

Bohr y Heisenberg explicaron esta anomalía cuántica (interpretación de Copenhague) diciendo que las cosas existen como posibilidades superpuestas hasta que por algún evento algún observador las fije tornándolas realidad. Bohr va mucho más lejos al afirmar que hay partículas que ni siquiera existirían sin la interacción del observador

La física cuántica nos conduce a una realidad muy diferente de la realidad determinista de la física clásica. Para nuestro sentido común muchas de estas experiencia rayan con lo absurdo, por eso a esta superposición coherente de la realidad se la llama “la paradoja de Schrodinger”.

Esto nos deja un desafío tremendo. Estamos en este Universo para construir la realidad. La física cuántica y la fe vuelven a estar de acuerdo. En el lenguaje de la física cuántica es un colapso de onda en el lenguaje de la fe es un milagro.

Consideremos algunas situaciones bíblicas a las que no solemos encontrarnos una explicación lógica, como es el caso de los arrebatamientos y traslaciones. Además del caso de Jesús  (Hechos 1:9-11) tenemos los casos de Enoc (Génesis 5:24) y  Elías  (2 Reyes 2:11); pero el caso que desborda todo nuestro sentido común es el caso de Felipe con el eunuco.

Hechos 8:39-40  Cuando subieron del agua,  el Espíritu del Señor arrebató a Felipe;  y el eunuco no le vio más,  y siguió gozoso su camino. Pero Felipe se encontró en Azoto;  y pasando,  anunciaba el evangelio en todas las ciudades,  hasta que llegó a Cesarea.

Hasta es posible que a esto se refería Pablo cuando habló de estar ausente en el cuerpo pero presente en espíritu: “reunidos ustedes y mi espíritu por el poder de nuestro Señor Jesucristo”. 1 Corintios 5:3-4

Estos fenómenos se explican desde la física cuántica por medio de un experimento concreto, el efecto túnel o tunelamiento. Cuando la materia recibe una energía tan grande  que salta la barrera de potencial deja de ser materia y entra en la dimensión de la energía.

Si pudiéramos analizar las moléculas en este proceso estas adquieren una velocidad tan alta que dejan de ser materia pero mantienen la forma. Por medio de este fenómeno hasta podemos explicar  la forma del cuerpo glorificado de Cristo luego de resucitar. Se lo puede palpar,  (Juan 20:27), come pescado (Lucas 24:43) pero puede atravesar puertas (Juan 20:19).

[1] Heisenber 1962

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